Madrid es la ciudad donde nací y vivo desde hace más de cuarenta años. Como todo el mundo sabe, es la capital de España, y como tal, una ciudad grande y ruidosa.
La pobre ha sufrido muchos regidores que, además de enriquecerse ellos, empobrecieron la ciudad al permitir especulaciones, derribos de edificios singulares y construcción de barbaridades urbanísticas. Esto ocurrió sobre todo y especialmente durante la dictadura del siglo pasado. (ya se puede decir lo del siglo pasado). Ahora que tenemos democracia, el problema no se ha solucionado. El actual alcalde, que lleva ya varios mandatos en el cargo, parece tener un concepto especulativo y comercial de la ciudad y por culpa del equipo de gobierno municipal, Madrid está cada día más fea, mas contaminada, más ruidosa y más polvorienta.
Por doquier se hacen obras innecesarias o mal hechas. Se construyen túneles-aparcamiento que atraen más tráfico al centro. Las zanjas que abren las empresas de servicios para introducir sus conducciones están tan caóticamente programadas, si es que existe tal planificación, que muchos vecinos creen que el Ayuntamiento prefiere esperar a que se cierre una zanja para dar un permiso de apertura de más zanjas en la misma calle y poder cobrar más por permisos de obras. Incluso yo he oido decir que el propio Alcalde tiene por ley asignado un porcentaje de esas obras. Esto es absurdo, claro pero la realidad es que hay zonas , como el centro de Madrid, permanentemente abiertas en canal, y siempre invadidas por el ensordecedor ruido que emplean los martillos neumáticos. Cuando no hacen falta conducciones, parece imprescindible la proliferación de losas de granito o cualquier otro material, también con gran algarabía de ruidos, polvo, obras y más zanjas.
Todo ello se acompaña de sobreabundacia de publicidad, bombardeo de las mejores vistas de Madrid con vallas tapando bellos edificios del siglo XVIII, como en la calle San Bernabé, carteles en mobiliario urbano cuya única función es esa, anunciar; anuncios en fachadas, en autobuses municipales, en mástiles de banderas, ruido visual añadido al ruido de la ciudad más ruidosa del munco. Fealdad en suma. Es desesperante.
Algunos madrileños se ven obligados a defenderse de un ayuntamiento que se convierte en su enemigo por actuaciones injustificables. Así ocurre, por ejemplo, con el expolio a los vecinos del centro, tan necesitado de zonas verdes, de lo que iba a ser el parque de San Francisco el Grande, (donde el actual alcalde prometió hacer efectivamente un parque); o con la pesadilla de la plaza de Olavide, o la permanente protesta de los vecinos del cada vez más degradado parque de la casa de campo, o el polémico cierre nocturno del Parque del Retiro, por citar cuatro casos.
Otra de estas actuaciones polémicas fue la instalación de unos cristales en el Viaducto: están siempre sucios, con rayajos, pintadas y pegatinas, pero nadie se preocupa de limpiarlos ¡junto a la Catedral!) Para hacer todas estas chapuzas se utilizan prácticas dudosas de contratación, abusando de los contratos menores, utilizando fondos de representación para fines personales, bordeando (por fuera, como decía el General Santamaría), la ley.
El resultado de estas prácticas es que Madrid, una ciudad cuya existencia
está documentada desde la Edad Media, no conserva de esa época nada, y lo
poco que pudiese quedar es menospreciado y demolido con informes favorables
de arqueólogos consortes y perforado por constructores amigos.
Un desastre. Lo malo es que algunos vecinos, como yo y los de mi barrio del
Centro, perdemos la confianza en las instituciones, y luego pasa lo que pasa.
No hay derecho.
Enlaces de Madrid (comentados y revisados en junio 2002):